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Interesante Artículo de Carlos Oliveras en PHOTOSHOPEANDO

Fotografiar pensando en Photoshop: ¿Sentido práctico o mérito?

En el vídeo de hoy, la técnica ilustrada no es nada del otro mundo, pero pretendo que sirva para recordar, o incluso activar por primera vez en algún caso, la idea de que al ir a hacer la foto, es muy útil tener presente lo que luego podemos hacer en Lightroom/Photoshop. De este modo, podemos hacer pequeñas (o grandes) modificaciones en nuestra forma de tomar la imagen, para obtener de este modo archivos que luego nos faciliten la puesta en práctica de nuestros conocimientos, sea combinando varias exposiciones, formando una minipanorámica, corrigiendo una perspectiva o, como en este vídeo, recuperando porciones “vacías” de una foto, en vez de encontrarnos frente al ordenador lamentando que en el momento de hacer la foto no se nos ocurriera todo eso que ahora, cuando ya es demasiado tarde, sí nos pasa por la cabeza. Yo creo que esta conexión acaba surgiendo de forma espontánea y poco a poco, se va integrando más y más con nuestra técnica fotográfica, pero si no surge automáticamente, quizá debamos hacer un pequeño esfuerzo para empezar a establecerla. Uno puede ir aprendiendo más y más cosas sobre el tratamiento de la imagen digital, pero si las conservamos en un compartimento mental distinto al del momento de hacer la foto, no les sacaremos tanto provecho.

También vale la pena decir que en ocasiones nos puede surgir la duda de si es mejor sacar algo bien en la cámara, o confiar en corregirlo a posteriori en el revelador. Aunque creo que todos entendemos la pregunta, esta forma de plantearla incluye de forma involuntaria una insidia un tanto perversa: parece dar a entender que se pueda hacer la foto mal y luego apañarla. Y si bien eso es perfectamente posible y puede salvarnos en alguna ocasión, no es la filosofía de la que estoy hablando. Por eso recomiendo que cuando nos formulemos esta cuestión, lo hagamos en unos términos ligera pero significativamente distintos: ¿es mejor sacar algo perfecto en la cámara, o solo lo bastante bien para poder perfeccionarlo luego? ¿En qué debemos invertir nuestro esfuerzo cuando sea posible elegir?

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El blanco y negro es una de esas cosas que es más recomendable ajustar en el ordenador que en la cámara. Y si hablamos de poner la foto del revés, ya no digamos, a menos que alguien te sujete colgado boca abajo.

El criterio que a mi juicio debería guiarnos a la hora de tomar esta decisión debería ser puramente práctico: cuando hacemos una foto, nuestro tiempo y capacidad de concentración son recursos limitados, así que pienso que lo ideal sería invertirlos en aquel medio (cámara u ordenador) que nos proporcione el mayor rendimiento para esa cuestión en particular, es decir, aquel medio que nos permita obtener el resultado buscado con el menor esfuerzo. E incluso así, esto no proporciona un criterio universal: por ejemplo, lo ideal sería no tener que rotar la imagen en el procesado -la pérdida de reescribir píxeles es mínima, pero existe. Ahora bien, ¿compensa perder unos segundos extras en el momento de hacer cada foto, ayudándonos de un nivel electrónico o de burbuja si fuera necesario, para ahorrarnos luego ese paso? En fotos que podamos hacer con calma, puede que sí. En fotoperiodismo (especialmente el deportivo) o fotografía callejera, perder más tiempo del imprescindible en preparar la toma puede marcar la diferencia entre una imagen valiosa y una toma que va directa a la papelera de reciclaje, si bien son disciplinas donde se aplica poco más que enderezado, recorte y ajustes generales. Del mismo modo, por supuesto, una relajación técnica excesiva cuando estamos con la cámara en las manos puede dejarnos sin opciones cuando nos sentemos delante del ordenador: uno de los mejores ejemplos es el de las fotos desenfocadas o trepidadas, que tienen mal arreglo en Photoshop y que se producen por elegir mal los parámetros de exposición (o por causas relacionadas como no tener en cuenta la distancia focal, no valorar el movimiento del sujeto o, simplemente, no sujetar correctamente la cámara). Esta relajación puede ir incluso más allá de lo puramente técnico: a mí siempre me perseguirá una experiencia en particular en la que tenía que hacer unas fotos de un objeto que tenía algo de polvo. Por pura vagancia, me abstuve de pasarle un trapito, pues me pareció que las motas de polvo, además de escasas, serían escasamente visibles en la toma, si es que llegaban a verse, en cuyo caso serían 4 clics de ratón. No tuve en cuenta que la luz del flash mostraría un aspecto muy distinto al que observaba a simple vista, revelando infinidad de micro-partículas en la superficie del objeto, y peor aún, no consideré que iba a hacer unas cuantas tomas: el aspirador o la gamuza se pasan una sola vez, pero el clonado se ha de repetir individualmente para cada foto, multiplicando el trabajo necesario hasta extremos desproporcionados. Aquello se me ha quedado gravado: ¡acabar perdiendo horas y horas por algo que se podría haber resuelto en un minuto!

Light of day 3

Esta es una foto donde muchos elementos han sido añadidos en Photoshop. Sin embargo, me habría sido imposible crear esa expresión y gesto de la modelo si no hubieran estado ahí desde el principio.

Un ejemplo todavía más refinado lo constituye cualquier retrato: si no consigues que el retratado sonría correctamente, con naturalidad, va a ser casi imposible redibujar su expresión facial a golpe de licuado – se puede intentar, pero los humanoides somos muy sensibles a todo lo relacionado con rasgos faciales. En cambio, un botón mal abrochado, una arruga en la ropa o una corbata descentrada tienen solución photoshopera, y el arreglo, si se hace bien, es indetectable – aunque de nuevo, si es una sesión de muchas fotos, cuando tengamos que corregirlo foto por foto vamos a maldecir la hora en que no dedicamos unos segundos a repasar estos detalles de la ropa o los complementos. Aquí ayuda un montón tener un estilista o simplemente un ayudante que esté pendiente de estos temas. En este caso, ya no es usar bien o mal la cámara o Photoshop, sino de nuevo, plantear la escena con los recursos apropiados (insisto en ello porque a veces se atasca mucho el “debate” en cámara/Photoshop, pero la realidad es más amplia). Siguiendo con el tema del retrato, un gran ejemplo del uso de Photoshop previsto con antelación son las fotos de grupo: a partir de 3 personas, las posibilidades de que alguien salga con los ojos cerrados se disparan, así que en un grupo de 8 o más, ni te digo. En estos casos, tomar varias fotos seguidas (sin dar tiempo a que se muevan) pensando en “rescatar” ojos cerrados posteriormente en Photoshop es una de las mejores ideas que podemos tener. Seguro que quien cerraba los ojos en una foto, los abrió en otra. Si sale con los ojos cerrados en todas, es que estaba dormido o en trance. El asunto, en definitiva, es que no creo que haya una ley universal, pero hay unos casos más claros que otros.

Jan Egeland Street

Este ejemplo, descrito en un tutorial, constituiría un caso extremo donde más que de fotografía, quizá hablaríamos de imagen digital en sentido amplio.

Ya que estamos filosóficos, quiero aprovechar esta entrada para abordar una cuestión relacionada que me parece interesante: hay quien sostiene la teoría de que hacer bien la foto en la cámara, sin reparar en tiempo y esfuerzos para ello, es intrínsecamente más valioso que obtener un resultado exactamente idéntico, pero obtenido parcialmente en el ordenador, y que además esto otorga al autor de la foto una superioridad moral incontestable frente a quien consiga ese mismo resultado por cualquier otro medio. No sé si esto es así, porque mal que nos pese, la moral, el bien y el mal, son conceptos subjetivos. Así que es el típico debate que yo dejaría para foros y sitios por el estilo, pero incluso así, me gustaría quedarme con la cara más positiva de esta visión: la de disfrutar con el proceso de hacer la foto, y hacerlo sin complejos. Que no es que no se pueda disfrutar procesando, pero como siempre procesamos sentados en un sitio, y las fotos las hacemos yendo por ahí, creo que nos es más fácil encontrar placer con la cámara colgada del cuello que con el ratón en la mano. De hecho, quizá algún día escriba una entrada sobre fotografía y “mindfulness” – cómo hacer fotos (especialmente por placer, como aficionado) ayuda a conectar con el momento presente, con la realidad de nuestra vida, lo cual puede aportar grandes beneficios a nuestra paz interior y salud mental. Y si para disfrutar y conseguir eso hemos de ser un poco menos productivos o eficientes, firmo ahora mismo, porque tampoco quiero supeditarlo todo al resultado puro y duro: considero que el proceso importa, y no solo por su capacidad para hacernos disfrutar más, sino por el hecho de que, irónicamente, renunciar en parte a un resultado perfecto, puede inducir un estado mental más enfocado, más sereno y alegre que acabe redundando en un mejor resultado, con lo que esa aparente falta de criterio práctico puede acabar siendo beneficiosa en todos los sentidos. Pero igual de justo es advertir de que podemos empezar a deslizarnos por una pendiente resbaladiza si damos por hecho que hacer las cosas de una forma tiene más “mérito” que hacerlas de otra – la consiguiente “inflamación” del ego puede llevarnos a confundir ese “mérito” con el valor estético de la foto. Peor todavía, si al vernos incapaces de hacer una buena foto, nos complicamos la existencia para tratar de compensar nuestras carencias artísticas impregnando la toma de un presunto sentido “épico” (un mérito artificial), y lo hacemos amparándonos en algún tipo de idealismo o compromiso con la “realidad” (la realidad, ¡cuánto podríamos hablar de esto!), podemos terminar con una maravillosa colección de palmaditas en la espalda y un puñado de fotos mediocres. ¿Es eso lo que queremos? ¿Tanto vale el “mérito” en una foto? Pues, contrariamente a lo que parezca, quizá sí valga algo. Siga usted leyendo, amigo lector, porque la cosa se complica.

La relación entre mérito y estética en la fotografía es una cuestión que me parece tan interesante como compleja. Por un lado, como dije más arriba, considero que lo más sensato es guiarse por criterios utilitaristas (prácticos) y no caer en la tentación de confundir -interesadamente a veces- mérito y valor estético o artístico. Por ejemplo, suponed que una persona os muestra esta foto de su autoría, y os pide que la valoréis del 0 al 10:

IMG_6703

Si luego esa persona os dice que, voluntariamente, hizo la foto a la pata coja, sosteniendo la cámara con una mano y buscando una combinación de valores de exposición cuya suma (diafragma, denominador de exposición y velocidad ISO) terminase en 24 porque esa es su edad, ¿revisaríais al alza esta valoración, atendiendo a ese concepto de “mérito“? Yo creo que no – por un lado, si se ha complicado la vida es cosa suya, y por otro, se haría extraño que un dato totalmente desconectado de la dimensión visual de la obra y que además ha sido conocido con posterioridad a la exposición de nuestros sentidos a esta, pudiera modificar nuestra percepción del valor estético de dicha obra. Vale, esta frase ha sonado muy rara: solo digo que uno espera que las cosas le gusten o no le gusten, sin más, sin que tengan que explicártelas, porque los gustos se “sienten”, no se “explican”. ¿O no?

Quizá no, o no del todo. Mirad ahora esta imagen, titulada “Avión versus ave“:

Avión vs ave

Es posible que antes siquiera de valorarla ya surjan recelos y os preguntéis si es real o el pájaro está “pegado” encima. ¿Valoraríais igual la imagen en función de si es, realmente, la instantánea de una de esas sincronicidades mágicas de la vida, o un mero apaño que se vale de ese deseo de ver escenas únicas para seducir al espectador colándose por la puerta trasera de sus anhelos? Voy a saltar de párrafo por si queréis deteneros a pensarlo, y así aparte dejamos que pase el aire, porque la frasecita que me ha quedado ha sido tremenda.

Bien, antes de nada, una buena noticia: es una imagen real que ocurrió por pura casualidad. Yo afotaba ese avión, y al darle al disparador se cruzó ese pajarraco entre mi objetivo y la aeronave. Aunque también podríamos recurrir a aquello que dijo Picasso de que, “cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando“. De hecho, bien pensado no es el mejor ejemplo, pues quizá aquí cabría hablar más de suerte que de mérito (a menos que realmente hubiera estado una hora ahí plantado esperando que se produjese esa escena). Pero, sea como sea, ¿no tenéis la impresión de que la foto sería menos “valiosa” en algún sentido si fuera un montaje? Y, si así es, ¿esto no va un poco en contra de lo que dije antes, cuando desvinculé la percepción de la obra de las milongas que te puedan contar antes, durante o después?

Creo que parte del asunto radica en que cuando dije lo de “valorar la imagen” no maticé en base a qué. Yo tiendo a interpretar que hablamos de una valoración de su belleza, pero claro, podríamos juzgar su valor informativo o histórico, o incluso alguna cualidad del fotógrafo más que de la fotografía. Lo más probable es que, sin darnos cuenta, estemos evaluando una mezcla de todo ello en proporciones diferentes según la persona y la hora del día. Así que quizá sea, en cierto modo, una pregunta trampa. En todo caso, dejaré aquí la cuestión para que quien haya sido capaz de seguir el tostón y le haya encontrado algún sentido a todo esto, reflexione y aporte, si quiere, su punto de vista al respecto en los comentarios.

Este desconchón XL que en otro caso habría sido un defecto, aquí se convierte en protagonista. Además, me salió cortado por abajo, lo cual arruinaba la composición, así que opté por “completarlo” en Photoshop. Por extraño que pueda sonar, así lo encuentro más real que en la foto original.

Lo importante para mí ha sido, sobre todo, plantear la necesidad de unificar en nuestra forma de pensar la toma de la fotografía con las posibilidades de revelado/procesado que nos ofrece el ordenador, y en segundo lugar, guiarnos por criterios prácticos como principal referencia a la hora de distribuir el trabajo entre la cámara y el software. Pero siempre con una mentalidad lo más abierta (y humilde) posible, que contemple todo este proceso como una experiencia donde el resultado final, aun siendo el norte de nuestra brújula, podría no ser siempre el destino: quizá a lo largo de ese camino encontremos algo más valioso que redefina nuestro sentido artístico, algo que reubique el producto de la percepción dentro de un orden de cosas mayor. Algo que nos recuerde que hay luz a ambos lados del objetivo, y que lo que imaginamos puede ser tanto o más importante que lo que vemos.

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Respuestas

  •           Muchas gracias por tu teoría sobre la fotografía .       El caso es lo que me esta pasando ahora , desde muy joven empece con la fotografía , y a conocer esta pagina o la anterior me compre una cámara digital medianamente decente para  hacer fotos. Lo que no controlo demasiado bien  son los programas de Photoshop , pero poco a poco y gracias a esta pagina intento de llevar las dos cosas a la vez  ;  mi camara rolleiflex con sus carretes de  6x6  y mi canon 700D . Ya me he dado cuenta que mezclando  las dos , se ameliora   bastante los resultados. La prueba que he sacado del baul del olvido unos negativos antiguos que he escaneado y pasado por photoshop  y expuesto en  esta pagina para disfrutar de ellos con mis amigos de Buenafotopro.  Y eso se lo debo en gran parte a Luis Jimenes  nuestro administrador. 

                          Gracias por haberme aclarado algunas dudas , y yo en el futuro seguir  aprendiendo mas en este sentido .

  • Que interesante sole...Cada momento en el proceso fotografico tiene su encanto y se logran cosas de acuerdo con las circunstancias.Claro que siempre es bueno tender a lograr una fotografia,a la que no haya que quitarle ni ponerle en edicion, cuestion de merito o de suerte ,y nos resulta alentadora la palmadita de que se logro algo por nuestra capacidad, o porque estabamos alli en el momento justo.

    Pero si el momento no lo permite, por multiples factores como el tiempo, la posicion, el peligro, la oportunidad ,el equipo etc...pues no debemos dejar de hacer clic y lograr lo que se pueda...ya veremos en edicion que se logra corregir o adicionar.
    Es necesario buscar buenos resultados, y en el proceso se ha de determinar cuales son los mejores para cada fotografia. No es una regla aplicable a todo. Cada fotografia es como un mundo.

    Pero a lo que el apunta aqui , es a que debemos educarnos para que en el momento del clic ya sepamos que posibilidades de mejora hay en edicion...estas son cosas que solo el conocimiento te las permite, y que se van instaurando en tu quehacer fotografico casi que de manera inconciente...como el manejar un encuadre y que resulte estetico sin aplicar mucha teoria en el momento de la toma.Es como al criticar una fotografia, saber si es buena solo con mirarla, sin tener que detenerte a hacer analisis tecnicos exhaustivos de tecnica o composicion...

    Para mi cada momento constituye un placer...y se puede encontrar a veces en el clic y otras veces en la pantalla en edicion...buscando siempre despertar tambien placer en el observador, a traves de un buen resultado.Muchas veces los medios no interesan al observador, solo el producto.Cosa que no sucede con el fotografo,quien se empena en una u otra cosa para lograrlo.Es parte del juego de probarse profesionalmente para crecer...es como un reto.
    Ya veo por aqui llegaste a la entrevista de Mellano, yo llegue hoy de nuevo ahi...y es que cuando me meto a leer no me pierdo ni los "componentes del shampoo."

    Besooo sole y gracias y por compartir
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